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Crisis educativa: ¿un problema de algunos o de todos?

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Elaborado por: El Espectador.com

Gran revuelo ha generado la carta de renuncia publicada por el profesor de Comunicación social de la Universidad Javeriana Camilo Jiménez. Este más que un hecho aislado es un signo de un problema de fondo: la calidad de la educación. Sin ánimo de generar más controversia me permito presentar una visión global personal de un problema que ha generado múltiples manifestaciones: protestas estudiantiles, renuncias docentes y propuestas de reformas a leyes que regulan la educación.

La educación y su calidad han sido temas centro de atención en el último año no solo en Colombia, sino también en Latinoamérica y me atrevería a decir que en el mundo entero. A mi modo de ver existe una crisis global en muchos campos y la educación es uno de ellos y la raíz de muchos de ellos. El problema de la educación está relacionado no solamente con la educación en sí, la crisis surge por el afán de reducir inversión estatal y mejorar los indicadores en educación, que incluyen procesos de control de calidad, gestión, autosuficiencia y autosostenibilidad del sistema educativo. Todo esto en el fondo tiene que ver con la educación como un posible factor de generación de riqueza.

Existe la convicción de que la educación determina la prosperidad de los países; y ejemplo de esto son países como Japón, Corea, Tailandia y Vietnam, los cuales pasaron del desastre total a la prosperidad económica, gracias a la inversión en formación de capital humano.

Pruebas internacionales como las pruebas PISA han evidenciado que los países en mención tienen los primeros lugares en las pruebas académicas presentadas por sus estudiantes, mientras que países en desarrollo como Colombia ocupan los últimos lugares. Con estos ejemplos se justifica el implementar políticas de aumento en la cobertura educativa que garanticen la formación de miles de profesionales capaces de soportar el desarrollo de un país. Pero detrás de esto también existen intereses particulares que impulsan el aumento constante de la población estudiantil.

Existe una industria educativa que tiene como mercado la educación y como consumidores a los estudiantes, docentes e instituciones educativas; aquí están incluidas la industria editorial, la industria de la informática, la industria de materiales educativos, audiovisual, la industria del transporte y porque no la industria de los alimentos.

A todos ellos les interesa aumentar el mercado. La cobertura es pues el caballo de batalla de políticos y empresarios, al que se opone en muchas ocasiones el fantasma del fracaso y la deserción escolar. La deserción escolar es causada por múltiples razones, pero una de las más poderosas es la falta de recursos.

En países donde prima la inequidad social, como Colombia y Latinoamérica en general, son muchos los jóvenes que inician la vida académica pero pocos los que culminan la formación universitaria y en muchos casos ni siquiera logran terminar la secundaria.

La solución que se plantea para reducir este problema es simple: se intenta disminuir los niveles de exigencia académica para reducir la mortalidad y la deserción escolar; el mecanismo ideal para esto es aplicar la promoción automática a nivel de educación básica primaria y secundaria, resultado: pobre calidad y pésimo rendimiento en pruebas educativas internacionales. Por otro lado para solucionar el problema financiero en la universidad se ofrecen oportunidades de crédito, el futuro profesional hipoteca su porvenir y el sector financiero aparece como el salvador.

El resultado de esta política ha sido un aumento de cobertura, con una pobre calidad en la educación ofrecida. Esto sumado a otros múltiples factores como la crisis familiar con figuras paterna y materna desdibujadas, educadores mal pagos y poco motivados, hacen que a la educación universitaria llegue un capital humano con deficiente formación, que hacen que la educación universitaria este entrando en crisis. Se observa como Universidades públicas y privadas frecuentemente renuevan y modernizan programas para adaptarse a los nuevos tiempos y a los nuevos clientes: acreditación, autoevaluación, reingeniería son términos de uso corriente.

La promoción automática no existe pero se implementan estrategias para mantener cautiva a la población estudiantil, se negocia con el estudiante y se presiona al docente para reducir la mortalidad académica. Sumado a esto está la calidad del docente, muy pocos tienen un empleo estable, trabajan en mas de una institución y solamente durante el periodo académico.

Poco tiempo tienen para continuar su formación y si se hace se realiza en programas de posgrado en educación y no en el campo específico de formación. Hoy en día se da más valor a formación de posgrado en educación o pedagogía que en áreas específicas el conocimiento.

Esto ha determinado la presencia de una generación de docente con una amplia formación en métodos pedagógicos (educación virtual, nuevas tecnologías en educación, que favorecen el desarrollo de educación virtual, el aumento en cobertura y reducción en costos institucionales) pero con muy poca profundidad en los conocimientos específicos impartidos. Un estudio reciente en el área concluye que “la calidad de un sistema educativo tiene como techo la calidad de sus docentes”(estudio McKinsey & Company, publicado por la OEI, documento PREAL). En resumen, con apoyo económico financiero y la flexibilización académica tal vez se soluciona el problema inmediato de la o las instituciones, pero queda una deuda social importante: el papel de la universidad como formadora de profesionales idóneos.

No es gratuito que día a día surjan problemas en los cuales la capacidad técnica y los principios éticos de los nuevos profesionales, relativamente jóvenes, están en entredicho y ejemplos hay muchos: ingenieros, economistas, abogados que juegan y usufructúan los recursos del estado como si fuera dinero de caja menor de sus empresas. Médicos y personal de salud que ponen en riesgo la salud y la vida de pacientes que por necesidad o vanidad solicitan servicios especiales.

Periodistas, comunicadores sociales que muestran informaciones sesgadas y/o acomodadas acordes a los intereses de determinados individuos o de grupos sociales, políticos o económicos particulares. Contadores, administradores y economistas van por esa misma vía. Obviamente no son todos los profesionales, pero si hay un grueso importante de la generación actual, que tiene capacidad de decisión y mando a nivel, nacional, regional y local y cuyas acciones equivocadas pueden afectar al conjunto de la sociedad. Dichas decisiones y dichas acciones están apoyadas en la inmediatez, la falta de visión hacia futuro y en los valores éticos actuales que no son los mismos de generaciones pasadas. El culto al yo, al dinero, a la apariencia, a lo fácil y a la inmediatez son la norma.

De este cambio tal vez todos somos culpables, el Estado, la familia, los educadores y la misma generación actual. Esta crisis educativa debe repensarse porque la generación que se está formando en la actualidad será la encargada de formar futuras generaciones y dependiendo de sus actos, su autocritica, su compromiso personal y social dependerá el futuro de la sociedad. Con las reformas a la educación, que se hacen necesarias, estos aspectos deben ser tenidos en cuenta por todos los actores de la crisis educativa: gobernantes (ministros, congresistas, partidos políticos), administradores de educación (rectores, decanos), educadores, padres y sobre todo estudiantes.

Soy médico y alguna vez cuando se implemento la ley 100, decidí no ejercer porque consideré en ese momento que las condiciones no estaban dadas para ejercer una medicina para el paciente. Busque la educación y la investigación como áreas en las cuales podría aportar algo más. Todavía creo que desde la educación se puede moldear profesionales críticos, idóneos y capaces de construir un mundo mejor. Espero no tener que renunciar a esa posibilidad.

Por Rvargas3200, colaborador de Soyperiodista.com

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