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Para cada niño una oportunidad – La promesa de la equidad |Documento Unicef|
mayo 3, 2016
Imagen de: Save The Children
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Equidad para romper los ciclos de pobreza

Unicef presentó el informe ‘Para cada niño, una oportunidad. La promesa de la equidad’, donde muestra la desigualdad en el mundo, los avances que se han dado y lo que hace falta para romper con ese flagelo. La organización tiene el  ‘programa a favor de la equidad’.

La desigualdad que existe entre las sociedades, en muchos casos y de manera injusta, determina las oportunidades que algunos niños y niñas van a tener en sus vidas. El género, el lugar de nacimiento o las condiciones sociales y económicas a veces definen el futuro de la niñez. Es por esto que ofrecer una oportunidad justa a todos los niños y niñas del mundo, especialmente a los más desfavorecidos, es la mayor esperanza que tiene  el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) para romper con los ciclos de desigualdad y pobreza. Esa es, precisamente, la propuesta central de su ‘programa en favor de la equidad’.

“No es justo que los niños y las niñas de los hogares más pobres del mundo tengan casi el doble de probabilidades de morir antes de cumplir 5 años, que los niños de los hogares más pudientes. Que las niñas de las familias más pobres tengan cuatro veces más probabilidades que las niñas de las familias más ricas de casarse antes de cumplir 18 años. Que sea altamente improbable que las niñas que se casan a temprana edad concluyan su educación secundaria, lo que limita sus posibilidades laborales, perpetúa su pobreza y reduce sus perspectivas futuras, al igual que las de sus hijos”, dice Anthony Lake,  director Ejecutivo de Unicef, en el informe ‘Para cada niño, una oportunidad. La promesa de la equidad’.

El informe, publicado el año pasado, presenta los logros que se han alcanzado a favor de los niños y niñas más pobres y marginados del mundo, así como los problemas que aún no se han resuelto. En ese sentido, analiza siete sectores fundamentales para el progreso de la infancia: agua, saneamiento e higiene; nutrición; salud; VIH/SIDA; educación; protección de la infancia e inclusión social.

También presenta historias de niños y familias que no se han beneficiado de los progresos, y lo que Unicef y sus asociados están haciendo para subsanar esta situación. “En las historias se destacan los enfoques centrados en la equidad en relación con las crisis humanitarias y el desarrollo a más largo plazo, pues el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, recientemente aprobados, exigirá actuar en ambos frentes”, dice el informe.

Se han presentado avances en cuanto a la solución de algunos problemas de desarrollo que enfrenta el mundo y los logros han sido históricos.  Según el informe, se pone de manifiesto que cuando los esfuerzos de las naciones se orientan en la consecución de objetivos concretos, como sucedió entre 2000 y 2015, la era de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), se pueden obtener grandes resultados.

“Desde 2000, la reducción de la mortalidad infantil ha hecho posible que cerca de otros 48 millones de niños lleguen a su quinto cumpleaños. Hoy viven en condiciones de extrema pobreza aproximadamente 721 millones de personas menos que a principios de la década de 1980. Unos 2.600 millones de personas han podido acceder a fuentes mejoradas de agua potable desde 1990. Más del 90 % de todos los niños y las niñas en edad de asistir a la escuela primaria se encuentran matriculados en la actualidad”, indica el documento.

Sin embargo, los progresos conseguidos en virtud de los ODM no siempre llevaron a una mayor equidad. La meta de reducir a la mitad la proporción de la población mundial sin acceso a agua potable segura para 2015 fue lograda cinco años antes del plazo fijado, pero los logros mundiales no redundaron necesariamente en mejoras para los más necesitados.

Algunos sectores para el progreso de la infancia

Salud: en todas las partes del mundo, la mortalidad infantil se ha reducido y la brecha de equidad entre los hogares más pobres y los más ricos ha disminuido en todas las regiones, salvo África subsahariana, pero persisten diferencias significativas entre las familias más pudientes y las más pobres en el acceso a intervenciones que salvan vidas, como por ejemplo el diagnóstico de casos sospechosos de neumonía y el tratamiento de la diarrea con sales de rehidratación oral.

Han sido más equitativas las intervenciones destinadas a prevenir el paludismo, como el uso de mosquiteros tratados con insecticida, aunque la cobertura sigue siendo demasiado baja.

VIH y sida: “desde 2004, cuando el número de casos alcanzó su punto más alto, las muertes anuales relacionadas con el sida han descendido casi un 42 % a nivel mundial en 2014. A pesar de este logro, el VIH causó la muerte de 180.000 niños y adolescentes menores de 20 años solo en 2014”, dice el informe.

Nutrición: el retraso en el crecimiento es un indicador de desnutrición.  Entre 1990 y 2014, la tasa mundial de retraso en el crecimiento entre los niños menores de 5 años se redujo en un 40 %. Factores como mejores políticas y programas nacionales de nutrición, mejoras en los suplementos y el enriquecimiento de los alimentos con múltiples micronutrientes, mayor seguridad alimentaria, y el crecimiento económico pueden explicar los resultados.

“Sin embargo, más o menos una cuarta parte de los niños menores de 5 años de todo el mundo presentan retraso en el crecimiento. Al mismo tiempo, se observa una tendencia creciente a la obesidad infantil, otra forma de malnutrición. Entre 2000 y 2014, el número de niños menores de 5 años con sobrepeso aumentó de 31 millones a 41 millones”, según el documento.

El informe explica que los datos divididos por subcategorías a diferencia de aquellos que se refieren al conjunto de la población son importantes, por lo cual  desde hace décadas, Unicef es el principal defensor de un uso mejor de los datos sobre la infancia.

Con estos datos, la organización mundial puede orientar las intervenciones de forma más específica a las familias y los niños que más las necesitan. Unicef presenta la aplicación del enfoque de equidad en su programación para la infancia en sus siete sectores.

En salud, por ejemplo, para el enfoque de equidad, la inversión en intervenciones rentables para mejorar la salud materna e infantil es fundamental. Unicef aplica este planteamiento en colaboración con gobiernos y aliados para acelerar el progreso a favor de las mujeres y la infancia. La programación de salud, que se centra de manera especial en los niños de las comunidades más pobres y desfavorecidas, combina diferentes medidas:  preventivas, prescriptivas y curativas.

“Es posible reducir drásticamente las desigualdades de oportunidades entre los niños de una misma generación. Para lograrlo, las naciones del mundo tienen que prestar más atención a los grupos rezagados. Los gobiernos y los aliados en el desarrollo tienen que concentrarse en los países y regiones que soportan las cargas más pesadas y cuyas brechas de equidad son mayores. Tienen que suscitar la voluntad política necesaria para abordar las fuentes arraigadas de la exclusión. Y tienen que comprometerse a largo plazo a fin de mantener los avances logrados. Son retos difíciles, pero pueden y deben afrontarse”, concluye el informe.

Para ver el informe completo, haga clic aquí.

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